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ESCRITORES DE SULLANA

 AUTORES INVITADOS

LUZ VILCA

 

Nació en Arequipa, Perú 1969. Ganadora del I Concurso de Poesía de Arequipa en 1990. Mención Honrosa en el Premio “II Concurso de cuento Ciudad de Huanuco 2002”.

Tiene publicado el poemario “Retrato de una mujer malvada y otros hilos de lascivia”   y 02 poemarios inéditos. Es antalogada dentro de las poetas  eróticas del  Perú y dentro de la poesía del siglo XXI “Antología de la Tortuga Ecuestre Poesía Contemporánea del Perú”.

 

 

CUENTOS DE CONDENADOS Y OTRAS APARICIONES MISTERIOSAS

 

Prólogo

 

Siempre me gusto la poesía, ya que en ella puedo brindar sensaciones comunes  y sugestivas, sin embargo, tenía el gusto por la lectura del cuento en especial la de misterio, incentivada por mi amiga Glady Martell   comienzo a escribir cuento para presentarlo  al "II Premio Ciudad de Huánuco 2002", dónde obtuve una mención honrosa con el cuento "El trapo", que fue incluido en la "Antología narradores huanuqueños siglo XXI". Con este incentivo y con el animo de mis  amigos Mario Malpartida, Andrés Jara, Luis Mozombite, Andrés Cloud,  Evert Laos,  Mabel Cruz y Carlos Dolmos,  continúo escribiendo estos sueños que  muestran nuestras raíces andinas, aquí  plasmo estos cuentos como una nueva línea en mis escritos.

 Estos cuentos son para los niños como Claudia, Ccatia y Angela  (mis hijas) que les gusta la lectura y a todo a aquel que le agrade el mundo andino.

 Agradezco el apoyo incondicional de mi esposo, Raul Huamani

  Luz Vilca

 Huancayo, Peru -  2004

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UN PACTO POR ERROR

 

Mashico salió de su casa,  llevando la mercadería hacia el pueblo de S...., sabía que le iba ir bien, anoche soñó que subía la cresta de un cerro alto, y que él  con mucho esfuerzo había llegado a la cumbre, miraba hacia el pueblo y sentía que volaba por el cielo y todo era pequeño, el viento rozaba sus mejillas y sus manos  se abrían cubriendo todas las nubes. Despertó contento. Ahora estaba alistando las mulas, poniendo con cuidado en sus alforjas la mercadería.

Estaba atardeciendo y con la puesta del sol debía salir si quería llegar temprano al pueblo de S....; Llevaba también su mashca, que le había preparado su mamá Gertrudes  y tostado para el camino.

¡Ah!, mamá Gertrudes, hacía la mashca más rica que exista en la tierra, ella sabía darle el punto exacto del tostado de las semillas y también sabía como moler hasta lograr el perfecto estado de sabor. ¡Era su tesoro para el camino!.

Mashico, emprendió la salida por la estrecha calle del pueblo, saludando con la mano a sus vecinos, tarareaba alguna canción. Mientras jalaba sus dos mulas.

Caminaba lentamente, divagando con sus ideas, sentía la noche llegar y el frío  que corría como agujas, miró en el cielo una estrella....  ¡hum! iba a helar en la madrugada, sería mejor buscar un lugar donde pernoctar vio unos quinuales y se dirigió hacia ellos para abrigarse en la noche.

Mientras oteaba el lugar perfecto, vió entre  las ramas a su gran amigo Andrés, ¡Andruquito!,  ¡de tanto tiempo!.

-¡Hey!, Andruco, qué haces por aquí,  soy   Mashico, me recuerdas?

-¡Oh!, mi buen Mashico, que gusto, aquí estoy alistando las pajas para dormir, júntate, así nos acompañamos, va helar en la madrugada, y juntos siquiera nos abrigaremos.

Jalando sus mulas, Mashico, pensaba que era bueno tener compañía, y ...¡hum!  ¿compartir su mashca?, no, eso no lo haría, esperaría  que se duerma Andruco, y comería solito. En fin, él sólo le ha pedido su compañía.

-Mira, Mashico, aquí nos podemos acomodar, amarra tus jumentos lejos, porque en la noche apestan,  antes piccharemos un poco de coca  y ¡mira!  traje mi ishcupuru con cal purita. ¡apúrate!

Mashico procedió amarrar las mulas a un quinual, les quito las alforjas, y se acerco a su amigo, para aceptar la invitación, juntos piccharon la coca, luego se recostaron para dormir.

Había pasado ya unas horas desde que se recostaron para dormir, sintió inicialmente la respiración de cansancio de Andruco, luego sus ronquidos. Ahora si podía comer la mashca y disfrutarlo solito.

Comía despacito, y se acomodo de tal manera para no despertar a su compañero, más los ronquidos de Andruco se hacían cada vez más guturales, no eran ronquidos  normales, o ¿se estaría muriendo?, con el temor que causa la noche, las estrellas y con su mano con la que estaba comiendo su mashca,  quiso mover el cuerpo de Andruco, para que deje de roncar,  y de pronto, a tientas, noto con mucha sorpresa que lo que roncaba ¡era el  pescuezo!.

¡No era un sueño!, sólo roncaba el pescuezo de Andruco, no había cabeza; rápidamente pensó,  ¿cómo pudo perder su cabeza? ¿si ambos estábamos juntos?  O ¿algún enemigo le corto la cabeza cuando se durmió y no él se dio cuenta?

Lleno de temor, se acerco a sus alforjas, de repente también le robaron, pero no, las cosas estaban en su lugar, los jumentos seguían dormidos, y aunque apestaban, Mashico se acurrucó con ellos, lleno de temor.

Empezó  a otear, el cielo estrellado  permitía ver los alrededores, miro nuevamente el cuerpo de Andruco, pero ¡no estaba muerto! ¡estaba roncando!

Golpeó su cabeza con la mano, ¿es esto un sueño o qué? se repetía, ¡Andruco, no estaba muerto!, pero, y ¿su cabeza?.

Estuvo pensando miles de cosas, miles de ideas atravesaban su cabeza, la razón no era valedera en este momento, nada era válido. Sólo miraba el cuerpo roncando  por aquel pescuezo.

No se dio cuenta cuanto tiempo estuvo en este  trance, pero, estaba amaneciendo, y sus ojos estaban abiertos, hasta que vió una cosa rara volando entre las ramas, restregó sus ojos, una y otra vez, hasta dañarse, miro de nuevo, ¡si!, ¡era la cabeza  de Andruco que venía volando como una paloma!

Los ojos de la cabeza de Andruco brillaban como dos espejos y sus cabellos revueltos con el aire le daban una apariencia  espeluznante y horrorosa.

La cabeza voladora fue bajando lentamente y se trato de acomodar al cuerpo que estaba recostado, como si se tratará de un tornillo empezó a tratar de encajarse y no podía.

Ante la desesperación de no poder colocarse en el cuerpo, la cabeza empezó a buscar desesperadamente a Mashico, hasta encontrarlo  con  sus ojos brillantes y se acerco volando hasta él  diciéndole:

- ¿Qué hiciste con mi cuello que no puedo encajarme?, ¿Qué hiciste desgraciado?

            Mashico no podía proferir palabra alguna, estaba aterrorizado y miro instintivamente sus manos llenas de mashca, y recordó, que rozo con su mano el pescuezo, era la mashca que estaba impregnada  y por eso no podía pegarse.

            -Mira,  el tiempo me gana si no logro colocar mi cabeza al cuerpo nuevamente, se morirá y la gente te echara la culpa que me mataste,  ya que llevo mucho dinero en la alforja que esta en mi cuerpo, mi esposa espera ese dinero,  y yo se lo llevaba; para conseguirlo hice un pacto con el diablo, y la forma de pago era que por siete noches mi cabeza se desprendería de mi cuerpo para vagar por el mundo,  llevo recién cinco noches, y no he cumplido. Lo  que quiero pedirte es que  lleves mi  cabeza a mi familia y yo les explicaré lo sucedido,  le  entregues este paquete con dinero a mi esposa y busques la forma  de salvar mi alma..

            Mashico sentía que todo era una pesadilla, que nada era verdad. Atino a mover afirmativamente la cabeza.

            Solo atino a obedecer, busco en el cuerpo ya muerto de su amigo el paquete estaba amarrado en su cuerpo, no lo desenvolvió  sólo atinó a guardarlo en su pecho.

            Cabó una fosa, y enterró el cuerpo de Andruco.

            Cogió sus alforjas  las colocó en las mulas. Tuvo que desocupar una de ellas para colocar  la cabeza, y empezó el retorno a su pueblo para cumplir la voluntad de Andruco.

            Le parecía tan lejos el pueblo, pero debía  cumplir ese juramento idiota. Y perder su venta allá en el pueblo de S...

Estaba jalando las mulas, que estaban más tercas que nunca, y a medio camino,  ve un grupo de hombres que venía en sentido contrario,  venían riéndose y golpeándose entre sí.

Cuando estaban frente a Mashico, dos se acercaron pecheándole, y los otros cogían las alforjas de las mulas.

-¡Hola, hola, chico!, ¿qué haces solito? ¿no sabes que hay pillos por esta ruta?

Diciendo eso, uno de los hombres tiro un golpe en el estómago a Mashico y este cayó al suelo, mientras los otros procedían a abrir las alforjas.

De pronto se oyó un grito estremecedor  de uno de los pillos, era el que abrió la alforja donde estaba la cabeza,  y la sorpresa fue mayor cuando abrió los ojos y empezó hablar.

- ¡Ah, ustedes son unos pillitos de mierda, ahora yo les voy a enseñar, quién es mas pillo!

Diciendo eso, ¡boing!, la cabeza empezó a dar de golpes a cada maleante, y estos de miedo y terror empezaron a correr desesperados hasta perderse.

La cabeza se acercó a Mashico que estaba comiéndose las uñas de miedo, y estaba más pálido que un muerto de verdad y le dijo:

-No temas, amigo, yo me metí en esto, y ahora solo quiero que me ayudes, como prometiste llevarme a mi casa, yo  te protegeré si existen  más malhechores en el camino.

Con algo de mejor animo siguió  el camino al pueblo, nuevamente entro por la callecita angosta, con rumbo a la casa de Andruco.

Frente a la casa, tomó aire, y tocó la puerta

-Buenas tardes, señora Mabel Ríos de Vivar, soy Marcelino Robles y Rivera, estoy aquí  por echo lamentable, que su esposo me ha encomendado, pero, solicito a usted que pueda estar presente su señora madre, sus familiares mas cercanos y encarecidamente el cura del pueblo.

La mujer de Andruco,  atemorizada, abrió el portón de la casa que daba a un patio central, y procedió a llamar a todos los de la familia, hasta el perro, el gato y los vecinos curiosos estaban presentes.

El padre Sebastián, no necesitó mucha invitación llego corriendo y junto a él, todo el grupo de oración del Rosario.

Mashico en forma ceremoniosa contó como sucedió lo acontecido en la madrugada y procedió a sacar de su alforja la cabeza de Andrés Vivar y Garay, su amigo, Andruco.

Ante la sorpresa y los soponcios de todos los asistentes, la cabeza contó su triste historia, del pacto con el diablo y solicitó a Mashico que le entregue el paquete con dinero a su esposa, que era el costo de su vida y su alma.

La mujer empezó a llorar desconsoladamente, decía que el dinero no le importaba que sólo quería que el alma de su amado esposo Andruco no se vaya a quemar en el infierno, rogó al padre Sebastián, imploró al cielo y a Dios el perdón por la avaricia.

El padre Sebastián, conocía de estas promesas que hacen los hombres con el diablo, y era muy sabio, así que le  pregunto a Mashico ¿si contó o desenvolvió el dinero?, este le contesto que no. Inclusive añadió que la cabeza reciente tenía 5 días de pacto, faltándole dos para que el diablo se lleve el alma de Andruco

Ante esta situación, el padre Sebastián, indicó que no se cumplió del todo la promesa del diablo de dar dinero al difunto, ya que su cuerpo murió  antes así que no era del todo dueño del  alma de Andruco. Propuso entonces, ir donde estaba el cuerpo del difunto y hacer una invocación al Señor Todopoderoso, para que interceda y devolver la promesa del dinero mal habido y permitir que descanse en paz el alma del difunto.

Mashico, ya había vivido más de lo un ser puede vivir, así que no puso objeción para volver. Un séquito de valientes pobladores del pueblo caminaron rezando por todo la callecita  angosta, las mujeres sahumaban con incienso, mirra, alucema,  la cabeza estaba en la bolsa y ya no hablaba, sus ojos estaban cerrándose, poco a poco.

El padre Sebastián había puesto sal, agujas, ajos y llevaba agua bendita, además había pasado  bajo el manto protector de la patrona del pueblo, Nuestra Señora del C....., la cabeza maldita para lograr su descanso eterno.

Cuando llegaron al lugar donde estaba el cuerpo enterrado, procedieron  abrir la tierra y juntar la cabeza con el cuerpo, una vez que se derramó el agua bendita,  se echo sal y las agujas.

El padre Sebastián  invocaba al Señor Todopoderoso para su intercesión,  y procedió a  prender una fogata, y a nombre del Nuestro Señor, devolvieron ese sucio dinero a su dueño.

Una vez consumido el dinero por  el  fuego, y roto el pacto con el diablo,  apareció un colibrí que cantaba:

-Soy un ángel del Señor, este mal dinero será entregado al diablo y esta alma descansará en paz.

Dicho esto el cuerpo de Andruco empezó a  deshacerse como gelatina,  Mashico, empezó a tapar el cuerpo nuevamente con la tierra y los demás rezaban oraciones de agradecimiento  por el alma de Andruco.

Una vez concluido el entierro pusieron una cruz con el nombre del que alguna vez, fue Andruco,  " Andrés Vivar y Garay, Que descanse en Paz y Que de Dios Goce".  Al terminar de escribir esto, una flor de cantuta salió del suelo y floreció instantáneamente.  

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LA FIESTA 

 

El pueblo de L...,  era primera ciudad fundada por los españoles en la zona central del Perú, tiene con mucho orgullo las calles más antiguas   y sus casonas de grandes gamonales. Esta ubicada en una lomada fértil y termina en un precipicio que da al río Marañon, este precipicio se llama "Rondos" y es muy atractivo por su bosque de  eucaliptos donde las parejas van dan rienda suelta a sus amores, a este lugar los muchachos le llaman "La vuelta al mundo".

En este pueblito, nació Carlos, hijo de una familia notable, sus padres  lo engrían tanto que no le exigían que  continué sus estudios en la universidad, allá en la capital; así que Carlitos, como todos lo conocían se dedicaba a cortejar a las muchachas del pueblo y ha controlar las siembras de su familia. 

Era la fiesta de aniversario del pueblo, y Carlos, empezó a alistase  con el mayor cuidado, se acicalo muy bien y su rostro reflejaba lo muy guapo que era, él mismo se veía y decía que era un hombre muy guapo.

Salió silbando,  y apurando el paso,  en la esquina del movimiento le esperaban sus amigos Eulogio, Esaú y Daniel, ellos también estaban apurados, la fiesta por el aniversario de R... se llevaría a cabo en el salón  de don Goyo, y si no llegaban temprano no podrían ver las pollitas que  habían venido especialmente para esta ocasión al pueblo.

Una vez en el salón de don Goyo,  que casi estaba lleno de  las mejores familias del pueblo de L...,   empezó a mirar de canto a canto quienes estaban presentes. Ahí estaban las mejores familias del pueblo que se fueron a vivir a la capital, y ahora volvían a mostrar sus riquezas, las mejores galas, los pendientes de oro y a sus hijos ingenieros, contadores o profesores, y de paso a sus lindas hijas casamenteras.

A Carlitos, lo miraban todas las chicas sin excepción, su cuerpo bien formado y su talle esbelto quedaban muy bien en el terno que le mando su mamá desde el extranjero.

            El alcalde había  contratado al grupo del momento, "Los Internacional P", que animaban la fiesta. Y todos los asistentes empezaron a danzar.

            Eulogio encontró la aceptación de Jeannette V, y la familia de ella, miraba con aceptación a Eulogio, ya que él había acabado la carrera de ingeniero agrónomo, soñaban que conduzca sus terrenos en la hacienda, que estaba descuidada por falta de un hombre joven.

Daniel,  bailaba con toda chica que le aceptaba, y  no conversaba con ellas,  al final ellas se le corrían por que al parecer, él no quería  tener una pareja fija para la fiesta. Luego Daniel se fue a sentar al bar, bebiendo, y sonriendo. Se sentía bien solo mirando como bailaban los demás.

Esaú, por su parte junto Carlos estaba que miraban a las  hermanas Mariela  que era obstetriz y Kety estaba acabando contabilidad. Sólo Esaú se animo a bailar con Kety, que era la más coqueta. Estuvieron bailando juntos, hasta que entro  el  profesor  de Música Octavio A, a quien inmediatamente Kety volvió los ojos y se acerco sensualmente, sin embargo, Octavio estaba acompañado por Milca P, la enfermera de Essalud. Así que Kety se volvió sobre sus talones.

Esaú con el desplante se fue junto con Daniel, y juntos empezaron a beber y conversar de diversas cosas.

Carlos por su parte estaba deslumbrado por la belleza de una muchacha desconocida que entro a la fiesta a las 11 de la noche, estaba con un vestido negro entalladísimo que hacia ver su figura exuberante. Bailaron juntos, eran la pareja de la noche.

Sin embargo, nadie conocía a la muchacha, sus ojos azules y su cabellera larga y negra eran muy llamativas, Carlos pensó que era una de las chicas que llegaban por las fiestas y se había colado al salón de don Goyo, No importaba, esa mujer sería suya, aunque luego  no la viera.

Ella abrazo su cuello y muy quedito  le dijo al oído:

-¿Vamos a la "vuelta la mundo"?

Carlitos se animo inmediatamente, y salieron del local tomados de la mano, era una noche fría  y en el cielo la luna llena brillaba con tanta intensidad.

Eran casi las doce, y ella  empezó apurar el paso, dejando por momentos a Carlos detrás.

Casi corría y en un  instante el bello rostro de la desconocida se torno horroroso, lleno de arrugas y con una palidez mortal, Carlos se asustó, y quiso soltar la mano de la mujer, pero ella lo jalaba, tenía una fuerza sobrenatural, y casi a rastras se lo llevaba hacia el precipicio.

Se dio cuenta entonces que era una condenada, pensó como zafarse de ella y le dijo:

-¡Qué te pasa, carajo, déjame, condenada de mierda!

Entonces la condenada rió con tanta fuerza que resonó en todo el paraje de la "vuelta al mundo".

Cogió a Carlos del cuerpo con una fuerza sobrenatural,  lo levanto en peso y lanzo hacia el precipicio.

Carlos entre el miedo y la sorpresa solo atino a cogerse fuertemente de unas ramas que sobresalían en el precipicio que le salvo de caer al fondo y tener una muerte segura.

Entre el susto y el terror,  logró escalar un poco y asomar su cabeza, miró la figura de la mujer que caminaba hacia el pueblo nuevamente, viendo su cabello que  volaba con el aire de la noche, y no tenía pies, ¡tenía patas de gallina!.

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EL TRAPO

 

                                                                              Historia contada en una noche, sin luz, con los ojos atentos hacia mamá.

 

            Iba caminando por las huellas de otros viajeros, mientras tarareaba una canción para distraerse, a lo lejos de su natal S..,  con la ilusión de que allá en la capital podría encontrar un trabajo mejor; Chacho le había dicho: "allá hermanito...hay trabajo botado sólo se necesita ir, y, ...ya, si vieras como te llenas de plata". Mientras caminaba, sus pensamientos fluían apurados y los sueños se formaban en las nubes del camino y sonreía. Para distraerse pateó un trapo que estaba en el camino - ¡zás!- el trapo se elevó y luego de hacer unas formas caprichosas, cayó, continúo elevando con el pie ese trapo raro que hacia cada vez formas interesantes, formas....que se ayudaban con el viento de la tarde.

            El sol se oculta en el horizonte con esa extraña y maravillosa forma de desaparecer... la luz tenue del crepúsculo y el aire frío, los quinuales, eucaliptos y retamas, aroma fresco, estremecieron a Samuco; instintivamente empezó a  ver un paraje donde pernoctaría, antes que le gane la oscuridad; en ese trance su mirada choco con la de una mujer delgada, de piel blanca, en la que resaltaban sus labios carnosos, estaba vestida con un traje café que dibujaba su figura.

            -¡Hola!

            -¡Hola guapa! ¿estás yendo a la capital?

            -Si, me he perdido y no se como ir  para allá.

            -Podemos ir juntos, una mujer no debe andar sola, vamos juntos, de paso me acompañas y el viaje será bueno para los dos.

            -¿De verás?... ¿quieres ir conmigo? 

            -¡Claro zonza!, algo te puede pasar, acompañémonos.

      Samuco, trataba de parecer protector, mientras hablaba comenzó a otear lugares donde cobijarse esa noche y encontró un lugar protegido por quinuales, y ahí, Samuco, con ayuda de unas ramas, armo una base para colocar una frazada que había traído en su bolso, mientras pensaba que pasaría una noche excitante con aquella dulce desconocida.

     -Vente aquí, señorita, vente a mi lado para dormir; no tengo mas frazadas que estás, dormiremos juntos y de paso nos abrigaremos; ven a mi lado.

      La desconocida lo miró dubitativamente, pero al fin se acercó lenta y sensualmente,  se sentó cerca de Samuco, que hervía de lascivia. El la atrajo hacia su pecho y sintió su cuerpo frío, muy frío. Empezó lentamente,  besando su cuello acariciando su espalda, lleno de deseo. La noche fue eterna y el amanecer...¡glorioso!.

            Los rayos del sol apuntaban ya el alba, era hora de empezar la caminata, Samuco, toco suavemente la espalda de la desconocida para despertarla ella volteo con suavidad y mirándole fijamente a los ojos le dijo:

            -¿Nunca me dejarás?

            -Sí, querida, nunca te dejaré.

            El sabía que su promesa era sólo palabra que se va con el viento, al final, a las mujeres se les promete las estrellas, eso les gusta a ellas, una vez en la capital la despistaría lo más pronto posible.

            Ella sonrío, beso su frente, y riéndose, dijo:

            -Nos vemos en el crepúsculo.

Terminó la frase y desapareció.

Samuco  se quedo helado; tantas veces había escuchado cuentos de condenados y esas cosas, que las creía inventos de las viejas para que los niños no salieran de noche de las casas.

Miró y remiro el lugar, pensó que la desconocida se había ocultado...busco,  y no había nada.

Si, efectivamente esa mujer era una condenada.¡Y el había dormido toda, pero toda la noche con ella! busco desesperado una fuente de agua, para lavar su cuerpo, no importaba el frío de la mañana, sólo era tratar de desaparecer su olor y su recuerdo. Intentaba recordar algún consejo de su abuela, para alejar un  condenado, y su memoria no recordaba, nunca le había interesado.

Pensó, luego, en apurar el paso y llegar lo más pronto a la capital; allá ella no vendría, en la capital los condenados no existen.

Empezó a correr todo lo que sus piernas le permitieron correr; nunca había pensado que su cuerpo fuera tan pesado y lento para correr, nunca había pensado en que el camino era tan lejano y tan cansado.

El crepúsculo le dio la bienvenida, el perfume de las retamas y aquel olor a rosas insistente y fuerte y ... ella, la desconocida, la condenada, sonriente con los brazos extendidos.

Samuco, helado por el susto quiso huir, pero ella se le acercó y le dijo:

-Tú prometiste nunca dejarme; aquí estoy para ti, sólo para ti.

-¡Yo no te he prometido nada! ¡condenada de mierda! ¡vete!

Se apartó bruscamente rechazando los intentos de la condenada por tocarle.

Desesperado, empezó a correr hasta que sus piernas no pudieron correr más, su corazón latía tan fuerte y desesperadamente, y cayó al suelo, pesadamente, lentamente. Sintió como su cuerpo fue levantado con fuerza y esa maldita condenada soplaba su rostro para aliviar su cansancio.

-¿Porqué no me matas de una vez o porqué no me dejas ir?

-Estaba descansando... cuando ¡tú me pateaste en el camino! Varias veces, incluso reías cuando me dañabas. Yo era el trapo. Quise vengarme con la afrenta de tus patadas y tu me invitaste a acompañarte; juraste nunca dejarme.

Samuco, se quedo sorprendido, ¿aquel trapo?. Aquellas palabras sin sentido ¿qué cosas le pueden ocurrir a uno sin darse cuenta?. Deseaba escaparse de esa condenada como sea.

Y sin más, empezó a caminar sin sueño, sin cansancio, toda la noche, todo el día, ella a su lado, sonriente.

Samuco, había intentado escapar en varias oportunidades, pero ella siempre lo alcanzaba. Una mañana la condena ató a la cintura de Samuco  soga gruesa para controlar sus movimientos.

-Deseo hacer mis necesidades.

-¡Hazlo aquí!

-No, no deseo orinar, sino lo otro ¿entiendes?

Samuco señalo unas rocas y fue detrás de ellas; bajo su pantalón y fingió hacer esfuerzo, mientras lentamente desataba la cuerda que tenía en su cintura. Una vez libre, arrastrándose, empezó a huir y corrió tan rápido como su cuerpo le permitía y saltaba las rocas desesperado.

La condenada esperaba, y como demoraba, empezó a llamarle; cuando no escuchó respuesta, se acercó al montículo de rocas y vio que no estaba, ¡que había huido!. Empezó a buscar por los parajes y encimas de los árboles; no lo encontró.

Samuco, llegó a un poblado del camino, desesperado toco las puertas de varias casas y la gente lo miraba por sus ventanas.

-¿Qué quieres extraño? ¿Por qué tocas nuestras casas así?

-¡Una condenada me persigue! ¡Ayúdenme, por favor!

La gente empezó a cerrar  sus ventanas, algunos le echaron agua, y le decían:

-¡Fuera! ¡Estás maldito!, ¡Fuera!

Nadie quiso ayudarle, nadie abrió su puerta, Samuco se sintió abandonado y pensó ¡en la iglesia!, busco la capilla del poblado y empezó a golpear fuertemente el portón.

Salió por fin el cura del lugar, y le preguntó porque llamaba tan desesperadamente. Samuco le contó su desdicha, para cuando terminó con el relato, en la puerta de ingreso de la capilla, estaba ella, ¡la condenada!. Quién no podía entrar al recinto sagrado. El sacerdote, se acercó a ella y rocío agua bendita para que se aleje; la condenada se alejo unos pocos metros, y le dijo:

-En algún momento,  saldrás, querido, yo estoy aquí para ti.

Samuco, le contó al cura su promesa, y el sacerdote le dijo:

-Si tú lo has prometido solo puedes deshacerte de ella pasando tres castigos y ella desaparecerá. Pero debes ser valiente y pasarlos, si no tu cuerpo y tu alma se condenarán para siempre.

Samuco no tenía alternativa, era lo único que podía hacer, ¡qué tenía que hacer!.

Durmió en una de las bancas de la iglesia y cuando despertó, ya el sol clareaba las calles del pequeño poblado, miró a su alrededor y vio al cura preparando un pequeño atado, curioso se acercó al portón  que daba a la calle y miró hacia afuera, sorpresivamente: la condenada seguía sentada. La gente del pueblo no salía de sus casas, todo estaba cerrado. Por temor a la condenada y al hombre maldito que la había traído.

El cura explicó como afrontar los castigos:

-La condenada es un ser fuerte y no descansará hasta tenerte completamente, su presencia es obvia a todos los mortales que le temen; debes irte urgentemente, sal por la puerta de atrás, llévate estas tres bolsas, úsalas como te voy a explicar: Cuando la condenada este muy cerca de ti, lanza el contenido de la primera bolsa, la de color azul, de la cual caerán unas piedras pequeñas, ellas son el primer castigo; tienes que pasar ese castigo; una vez que logres pasarlo, huye. Si la condenada se salva, utiliza la segunda bolsa, la de color verde, que contiene alfileres muy antiguos, que están bendecidos; atraviesa con decisión ese castigo; luego que lo atravieses, y si la condenada sigue persiguiéndote, espera a que este muy cerca de ti; rocía la tercera bolsa, ella contiene la bendita sal; si atraviesas este último castigo serás por fin libre.. Estos castigos quedarán por siempre para el paso de almas penitentes. Ahora, veté...¡vete, vete ya!.

Cogiendo  las tres bolsas, Samuco salió de la capilla. Y empezó a correr.

La condenada se acercó a la puerta de la capilla, y vio al cura rezando frente al altar.

-¿Dónde está mi premio?

-¡Fuera  de aquí, pecadora!, ¡Fuera!; el hombre ya se fue, no está aquí.

-¡Lárgate alma condenada!

La condenada miró bien los espacios de la capilla y verificó que no estaba su presa; vio la pequeña puerta abierta que a lo lejos visualizaba  la figura de Samuco, corriendo.

Empezó la cacería.

La condenada, sabía que Samuco se cansaría en algún momento, y ahí, él sería suyo: se apoderaría de su cuerpo y de su alma.

Samuco, ya no podía correr. Y miró con desesperación a menos de un metro la figura de la condenada; entonces, saco la bolsa azul, la abrió y echo las pequeñas piedras; cuando estás tocaron el suelo, se convirtieron en gigantescas, enormes lajas cortantes en formas variadas,  con esquinas filosas que inundaron el pequeño valle. La condenada se vio golpeada de pronto por el abrupto crecimiento de las piedras; una laja muy filosa, de una tajo le corto el brazo... que quedo tirado en el suelo (no hubo sangre ni grito) ella no siente dolor, sólo el deseo de adueñarse de Samuco, quien corría se ocultaba en las formas gigantescas de las rocas. Samuco, sintió una molestia en los pies sus sandalias se estaban carcomiendo, porque de las rocas empezaba a emanar agua caliente y salitrosa, quedo descalzo.

Corrió más de lo que su cuerpo podía correr, al fin pudo pasar el bosque de piedra, descalzo, adolorido. Vio por sus hombros, atrás, la condenada sin un brazo, con sus ojos que brillaban como dos soles. Se asustó. Y siguió corriendo.

Sintió la presencia cercana de la condenada, su única mano encima de su hombro, desesperado, cogió la segunda bolsa y la hecho la suelo; cayeron los alfileres, que, una vez en el suelo se convirtieron en espinas grandes y fuertes cactus, con espinas gruesas que atravesaron el cuerpo de la condenada, se metieron de un solo tajo en su rostro,  deformando aquel rostro de mujer, destrozando su cuerpo. A Samuco le atravesaron las piernas y los brazos; su cuerpo manaba sangre a borbotones, y sacándose con dolor las espinas, que habían atravesado los músculos, camino con cuidado evitando lacerarse y atravesó aquel campo de espinas. Miró hacia atrás en horrendo espectáculo: la condenada aprisionada por varias espinas queriendo liberarse de ellas, haciendo esfuerzos, rompiendo su piel, sus carnes rojas al viento, liberando sólo partes de aquel cuerpo alguna vez humano, mostrando huesos. Una vez liberada, desafiante,  sonriente, mirándole con furia acercándosele con firmeza.

            Samuco, corrió...corrió, como nunca nadie había corrido, corrió sin pensamientos sin mirar atrás, corrió aterrorizado. Hasta que llego a una hoyada sin salida, cerrada por las piedras inmensas del primer castigo por un lado, y por el otro por las espinas gigantescas del segundo castigo. Sentía cerca la voz de la condenada,  llamándole. Sintiéndose perdido, paró en seco, volteó, la miró de frente, y espero a que se aproxime a él, que se acerque lo más posible, aunque sentía asco, aunque  fuera la última vez que respiraría la vida, no importaba más, quería acabar el suplicio. La condenada se acerco, sin brazos, con sus huesos al viento y la piel lacerada; su rostro otrora dulce y bello, destrozado, con uno de sus ojos reventado y el otro brillante, cuando la tuvo cerca,  Samuco, cogió la última bolsa y se la hecho encima del cuerpo, de la bolsa cayeron unos granos de sal, al contacto con la condenada se convirtió en agua salada, y las otras partículas al llegar al suelo, inundaron la hoyada. Samuco sintió hundirse y mientras el agua salada empezaba a carcomer el cuerpo de la condenada, él empezaba a nadar hacia la orilla más cercana. El cuerpo de la condenada se inundó de agua salada, la que penetró por cada una de su herida y salió por las mismas. La sal empezó a quemar sus carnes putrefactas y poco a poco fue desapareciendo completamente.

            Samuco asustado ... pero vivo ... soltó en llanto.

            El crepúsculo se asoma, y en el camino,  un trapo seca al sol.

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LA FIESTA DE SOLTERAS

  

            Aquella mañana Federico no imaginaba que ese día de fiesta de  solteras le fuera ha salir tan largo. Amaneció contento, hoy día tenía que conocer a su bella soltera, hoy día podría llevarla a conocer la luna y las estrellas.

            Federico, era autoridad comunal del pueblo,  y el soltero más codiciado por las muchachas casamenteras del pueblo de S.... Llevaba como símbolo de su poder, el pincullo, que es un instrumento musical, que sólo usan las autoridades y con su sonido se da comienzo a las fiestas tradicionales, y un chicote de  cinco metros con tres puntas de acero amarrado a la cintura.

            Aquella mañana coincidió que, murió Raúl, nadie sabía de qué, pero era comentario de todos sus vecinos, que este hombre vivía con su prima hermana. Las ancianas del pueblo decían, que se condenaría el alma de este hombre por haber cometido tremenda afrenta a la vida.

            La viuda, Lucía, lloraba a mar de lágrimas, había lavado el cuerpo de su amado esposo con agua del manantial, le puso una mortaja  de bayeta blanco y sus sandalias nuevas, le dio un último beso. Llevaba el féretro en compañía de sus hermanos, nadie en el pueblo acompañaba el cortejo fúnebre, por haber vivido en ofensa a las costumbres, sólo de reojo y por los muros de sus casas se santiguaban al verlos pasar.

            Juana, mujer más experimentada del pueblo,  por su edad y por su amplio conocimiento de las tradiciones, se santiguo y salió presurosa  de su casa para acompañar a la viuda al cementerio, llevaba en la mano un balde de agua bendita.

            Los hermanos de Lucía procedieron a enterrar al difunto, pusieron la cruz de madera, y cuando estaban orando por el alma de Raúl, se aproximó un gato negro, era un enorme gato negro, que tenía sus ojos fulminantes, y maulló junto a la tumba.

La anciana Juana, quiso echarle el agua bendita, pero lamentablemente se tropezó y todo el agua  bendita cayó sobre ella misma y la viuda Lucía.

En el trance del maullido del gato, de la tierra, aparecieron unas manos, que procuraban salir de su entierro.

            ¡Si!, ¡el difunto Raúl, se había condenado, y el ahora se levantaba!.... Lucía y sus hermanos corrieron tan rápido como sus piernas pudieron correr se fueron hacia la montaña, la anciana Juana, atino a pedir clemencia al cielo por esta desgracia.

            Raúl se levanto, y llamaba:

            -¡Lucía!, ¡Lucía! ¿dónde estas? ¡no me abandones Lucía!

            Limpio su traje de bayeta, y empezó a caminar hacia el pueblo, oía a lo lejos la música de la banda por la fiesta de solteras, allá estaría su amada Lucía.

            Caminaba con los ojos abiertos, reclamando a su esposa.

            Federico, antes de ir al pueblo se dijo:

            -Hoy día Federico, hoy día conoces a la mujer de tu vida, hoy día no hay pretexto, así que te das valor y un poco de cañazo no te vendría mal.

            Así Federico, tomo un vaso de cañazo y luego no tuvo en cuenta cuantos vasos de valor bebió. Así que se puso en marcha hacia el pueblo.

            Federico no sabia que había fallecido Raúl.

           Caminaba feliz, cuando en el camino encontró a Raúl, llorando a mares, y llamando a su esposa, hace tiempo tenía ganas de llamarle la atención sobre su proceder y sobre lo mal que iba con las costumbres del pueblo de vivir con su pariente en primer grado, así que se  dijo que ahora aprovecharía para hablarle y si no le hace caso, le obligaría, pues, él era autoridad.

            -¿Qué pasa Raúl? ¿cómo un hombre como usted, va llorar de esa manera?. Precisamente quería hablar con usted, lo que hace viviendo con su prima hermana no esta bien visto por la comunidad, así que la deja ahora, o la autoridad le obligará.

            El condenado, levantó los ojos, sorprendido, así que le dijo:

            -Mi mujer es Lucía, y a mí no me importa las costumbres de este pueblo de mierda.

            -¿Cómo? ¿Te atreves a desafiar a la autoridad? Ahora te jodiste, ahora sabrás lo que valen mi chicote de tres puntas de acero.

            El condenado, se levantó al sentir el dolor en la espalda, así que cogió una rama del suelo, y se defendió.

            Ambos, se dieron golpes tremendos.

            Federico, no podía resistir que afrente así su autoridad, así que latigaba tan fuerte como su fuerza le permitía, que su chicote, empezó a romper la ropa de bayeta blanca que tenía el condenado.

            A tanto golpe, sentía la sangre manar de su cuerpo, pero, de Raúl no salía ni una gota de sangre. ¡No salía sangre!.

            Ante los insultos y la bulla que hacían al pelearse. La gente empezó a aproximarse hacia ellos.

            Entre el tumulto, estaba Juana, quien grito:

            -¡Qué te pasa, cojudo, qué te pasa Federico! ¿cómo te atreves a enfrentarte a un condenado?

            Recién, en el momento, Federico, se dio cuenta porque no salía sangre del hombre condenado. Y paro la golpiza.

            El condenado, se acurruco en el suelo, y lloraba

            -¡Devuélveme mi mortaja! ¡Devuélveme mi mortaja!

            Ante la sorpresa de todos, y el miedo general, Juana corrió a su casa, ella siempre tenía ropa guardada para ocasiones especiales, y trajo una mortaja, la puso cerca al condenado para que este deje de llorar y se vaya y no maldiga el pueblo.

            Federico, seguía parado, aún no sentía nada.

            El condenado se quito los tirones de ropa que le quedaban y se puso la mortaja nueva. 

Lloraba con una llanto tan expresivo, que la gente se puso a llorar también.

Se levanto, para acomodarse el traje que le quedaba chico, quiso reclamar, pero miro de frente y vio a Federico  que con su  látigo  que en el aire zumbaba, con expresión de miedo empezó a correr hacia el monte, gritando a voz en cuello:

            -¡Lucía, Lucía, mi amor, jamás te dejaré amor!

            Seguía gritando hasta ubicar a lo lejos a Lucía y sus hermanos corriendo en el monte, así que empezó a correr hacia ellos, gritando:

-¡Amor, no me tengas miedo, solo te llevaré conmigo, juntos juramos este amor, dejemos este pueblo de mierda, Lucía, amor¡.

            Federico, no resistió más, y nuevamente quiso latigarle, impulsó su brazo y cogió nuevamente al condenado. Juana corrió y atajo un nuevo latigazo:

            -¡No, Federico!, deja ese alma maldita irse. déjalo.         

Federico, contuvo el brazo, y dio la razón a Juana, así que oteó a su alrededor y notó que todo el pueblo estaba allí, viendo su valor,  entre toda la gente estaba Mabel, la hija de Juana, que lo miraba con asombró y admiración. Jamás había notado que esa mocita era tan bonita. Se acomodó el traje  y se amarro nuevamente el chicote a la cintura, agarro su pincullo y tocó varias veces, la fiesta de solteras debía continuar.

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